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Antonio González Espinar

¿QUE FUE DE AQUELLAS NAVIDADES?

 

 

¿QUE FUE DE AQUELLAS NAVIDADES?

 

   Aún queda fresco en mi memoria el recuerdo de las Navidades de mi infancia y juventud.

   ¡Cómo crecía nuestra ilusión al observar los preparativos de la ciudad para la fiesta¡ Los operarios que instalaban el alumbrado público, los comercios que se adornaban con sus luces multicolores, sus motivos navideños y una música de villancicos que nos llenaba de impaciencia y alegría.

   En casa, también había una especial preparación. ¡Con cuanta ilusión se hacían los preparativos para el montaje del Belén! Primero la búsqueda del musgo, musgo natural, nada de esos de plástico que hoy son habituales, había muchos sitios donde encontrarlo: la rivera del río, las umbrías que tan bien conocíamos; después  los riscos  para formar la montaña sobre la que levantar el castillo de Herodes, los mejores eran los restos del carbón de las locomotoras, eran porosos y pesaban poco, y allá que íbamos los chiquillos a las inmediaciones de la estación del ferrocarril en su busca, para llegar a casa sucios pero ilusionados con nuestra preciada carga. Después, el repaso de las figuras del año anterior, reparar las deterioradas, reponer las rotas y enriquecer el portal con algunas nuevas. Varias visitas a los puestos de la plaza Bibarrambla donde quedábamos extasiados ante la profusión de nuevas figuras, ángeles, pastores, ovejas, soldados, reyes, camellos, pozos, molinos, que hacía volar nuestra imaginación. Finalmente, el montaje del Belén, diseñando un mundo a nuestra escala, convencidos de que el cariño que poníamos en la obra no podría por menos que hacer sonreír al recién nacido.

   En la Nochebuena, toda la familia se reunía en torno a la mesa a compartir alimentos, canciones, risas y alegría, y rememorar el gran acontecimiento que, casi dos mil años atrás, había ocurrido en una humilde aldea de Judea, donde un niño Dios se había hecho hombre por amor.

   Con el paso de los años los niños fuimos creciendo, saliendo del hogar paterno, estableciendo nuevas familias y afincándonos en diferentes y, a veces , lejanos lugares; pero cada Navidad, todos volvíamos a casa a disfrutar de unas entrañables fiestas que nos hacían sentir niños de nuevo.

   Ha transcurrido ya muchos años, algunos miembros, los mayores, nos dejaron definitivamente, la familia ha crecido en número y en compromisos, ya no es fácil conseguir la asistencia de todos, siempre hay alguien por recordar, siempre queda alguna silla vacía. La Navidad  tiene ahora una carga de nostalgia que no tenía, al menos para nosotros, los más pequeños, en aquellos ya lejanos años, y que nos hace preguntarnos ¿Qué fue de aquellas Navidades de nuestra niñez, que ya nunca volverán? 

 

    

                                                                                     Granada, diciembre 2010

Un lugar de ensueño

Un lugar de ensueño

 

UN LUGAR DE ENSUEÑO

 

   El sendero, estrecho y cubierto de malea, se adentraba en la selva. Los rayos de sol llegaban tamizados por la espesura de la vegetación, el aire era cálido, húmedo y estaba cargado de mil aromas diferentes. El trinar de pájaros de vistosos y coloridos plumajes llegaba hasta nuestros oídos  creando un ambiente de deleite para todos los sentidos.

    Después de algún tiempo de marcha percibimos un ronco y continuo rumor, casi imperceptible, pero que poco apoco fue aumentando de volumen hasta llenar por completo todo el espacio, se apagó el canto de los pájaros, que seguíamos viendo, pero a los que ya no podíamos oír.

   De pronto, tras un recodo del camino pudimos ver  el mayor espectáculo que podía ofrecernos la naturaleza;  un enorme y caudaloso río parecía precipitarse  desde el cielo. Hacia cualquier punto que dirigiéramos la vista podíamos ver, como en un gran abanico, grandes columnas de agua que saltaban, brincaban y golpeaban las rocas levantando una nube de agua pulverizada que se elevaba en el cielo produciendo mil arcos iris. El azul del cielo, el blanco de la espuma, el verde de la vegetación y los colores del arco iris producían una mágica combinación de agua, luz, color y sonido que convertía el paraje en un lugar de ensueño.

 

                                                    Iguazú, (Agua grande) enero 2008

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